Estaba ahí, sentada sobre el capot del auto, con sus botas verdes llenas de lentejuelas azules.
Obviamente los albañiles no paraban de mirarla, le gritaban, la ostentaban a largar al menos sonrisas, sin resultado.
Ella , estaba ahí solo por un motivo; el chico de las tablas de oro, un neo hippie que odiaba a los Redonditos de Ricota , pero que admitía que La hija del fletero era un temazo, y que de vez en cuando agradecía los besos que ella le regalaba.
Pero pasaban las horas y nada, sola pensaba en lo bueno que estaría poder fumarse uno, mas no tenia nada de nada, malditas noches vacías, solo tabaco y encima mojado. Odiaba el tabaco . Así que se puso a llamar a sus amigas por Telefonopatia, su materia preferida en la escuela de magia. Hablo con tantas que la noche se había hecho ya día, y los árboles se dejaban ver bien verdes.
Mas el chico de la tablas de oro no venia y la chica del Chevy rojo estaba empezando a dudar de la realidad de la cita… pensó que quizás era fruto de su mente, que él no sabia nada de que ella estaba ahí esperándolo, justamente…. el no sabia nada… y no vino (
dijo)…. cuando hacen falta las palabras no hay mas nada que decir…. y se fue sola… manejando su Chevy…